PREGUNTAS
SIN RESPUESTA DE UN ARGENTINO DESESPERADO |
China. Década
del '30. En un pueblo cercano a la capital, una joven desconcierta a su médico. Muchos
síntomas, pero ninguna respuesta que los abarque a todos, y la paciente empeora
rápidamente.
Finalmente, aquél decide pedir permiso a la joven y a su familia para probar una nueva
forma de tratamiento que había llegado de Estados Unidos.
La joven acepta y su salud mejora hasta que se cura totalmente. |
París. Misma
época. Un hombre enferma y confunde a sus médicos, que pronto se muestran incapaces de
asociar sus confusos síntomas, que no se alivian ante los tratamientos administrados, con
ninguna patología conocida.
Desconcertado, uno de los médicos propone, como última alternativa para salvar al
paciente, un tratamiento que había aprendido en su viaje a China.
Para el asombro de los médicos, la recuperación es rápida y total. |
Las dos
historias, aunque narradas con algunos cambios, son reales.
Desde entonces y hasta hoy, ambas medicinas concurren para ayudar a los pacientes de
médicos desconcertados.
A esta altura, descartar una u otra, o descalificar cualquier terapia probada y en manos
idóneas en nombre en nombre de una lectura "superior" del hombre, (y de su
relación con la salud y la enfermedad), resulta, cuando menos, necio.
En salud, en demasiadas otras cosas, y en todas partes, es evidente que la peor epidemia
de la raza humana (que aún no hemos controlado) es la estupidez. |
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