SOBRE EL DOLOR POR LOS EXCESOS

por Lic. Gabriel Franco

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Demasiado color ciega el ojo,
Demasiado ruido ensordece el oído,
Demasiado condimento embota el paladar,

Demasiado jugar dispersa la mente,
Demasiado deseo entristece el corazón.

No creo que haya frase más contundente para expresar tanto el vivir en el Tao como el sufrimiento de las personas de nuestra sociedad, como la última de este párrafo.
Demasiado deseo entristece el corazón.
No había prestado atención a ella hasta que una amiga psicóloga, a la que obsequié una versión del Tao Te King, la puso frente a mi con un interrogante ¿Cómo se hace? Muchos nos preguntamos lo mismo.
Tal vez no sea posible detener la aparición del deseo. Está ahí cuando menos lo queremos, tanto cuando esperamos cosas buenas como malas, y llena de angustia y zozobra nuestro corazón.
Pero es en la disciplina y en el pensamiento siempre atento y en calma donde podemos encontrar el remedio.
Así como no es bueno el exceso de ninguna cosa, mucho lo menos es el de desear algo en demasía.
Mi amiga preguntaba cómo hacer. Cuando los pensamientos se descontrolan, el cuerpo se tensa, nuestro Qi no circula y todo en nosotros se enferma.
No hay entonces una fórmula única para todos que pueda librarnos de aquellos pensamientos negativos que nos afectan. Permanecer en el Tao en esos momentos es como andar sobre un camino embarrado donde nos atascamos y nos resbalamos.
Lo importante, finalmente, es no olvidar en esos malos momentos, adonde queremos llegar y preguntarnos a cada instante, si vale la pena sufrir por lo que pasó o pasará.
Aquel que vive añorando el pasado, aquel que vive en la fantasía de un futuro que desconoce; aquel que intenta solucionar lo que no tiene solución y aquel que se lamenta por los problemas que si puede solucionar y pierde sus fuerzas lamentándose por su situación en vez de invertirlas en resolver; ese vivirá cada día con su corazón demasiado lleno de deseo y la tristeza lo acompañará en cada paso que dé.
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